10 lugares para no perderse en Marruecos

Marruecos es la puerta que conecta África y Europa, pero además es un país de contrastes, tradiciones y exotismo. Las calles de Marruecos huelen a especias y a té, y sus rincones se visten de color con el despliegue de los zocos. El desierto aguarda al viajero con una de las puestas de sol más bellas del mundo, sus plazas son pura vida y sus ciudades antiguas cautivan a quien las visita.

Descubre los rincones más especiales y mágicos de este país lleno de sorpresas y de historia, fiel a sus costumbres y con un halo especial que lo convierten en un destino asombroso. Marruecos atrae y enamora.

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Chefchaouen

Chefchaouen

Situada al noroeste de Marruecos en las montañas del Rif, se encuentra Chefchaouen, uno de los rincones más pintorescos del país cuyas casas pintadas de añil parecen haberse quedado ancladas en el pasado.

Apenas se escucha el sonido de los coches, y sus habitantes viven fielmente conforme a sus tradiciones, desprendiendo sus calles un exotismo morisco en cada rincón.

La parte más sorprendente de la ciudad se sitúa en la medina. Aquí, concretamente en el barrio de Jaracin, encontrarás las tiendas de artesanía más populares y la Mezquita de Sidi Buhansa, uno de los hombres más venerados por los ciudadanos de Chefchaouen. Al salir de la medina, a través de la puerta de Bab Onsar, encontrarás una de las sorpresas de la ciudad: la grandiosa fuente de Ras el Ma, formada por enormes cascadas, piscinas naturales, molinos y lavanderas.

Chefchaouen es un rincón que transmite calma y tranquilidad, siendo “la ciudad azul” por excelencia y todo un regalo para el viajero que busca la esencia más auténtica de la cultura marroquí.

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Gargantas del Todrá y Dadés

Gargantas del Todrá y Dadés

Las gargantas del Todrá y Dadés son uno de los destinos más visitados tanto por los visitantes como por los propios ciudadanos marroquís. 

Por un lado encontramos la garganta del Todrá, a 15 kilómetros de la ciudad de Tinerhir, la cual es una espectacular formación rocosa con paredes verticales que alcanzan casi los 300 metros de altura. Su privilegiada situación ofrece un recorrido asombroso, con vistas a un hermoso valle salpicado de palmeras y pequeñas aldeas tradicionales de adobe.

Por otro lado, en dirección hacia el desierto de Merzouga, encontramos la garganta del Dadés, que se encuentra inmersa en un inmenso valle de tierra de un peculiar color rojizo. Llegando hacia la cima se aprecian varias formaciones rocosas con una forma muy original que han sido bautizadas como “dedos de mono”. En este lugar las típicas palmeras datileras son sustituidas por higueras y nogales, ofreciendo un paisaje atípico en Marruecos.

A lo largo de la ruta que atraviesa ambas gargantas existe una amplia oferta hotelera, convirtiéndose en una ruta ideal para realizar en fin de semana.

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Mezquita Kutubía

Mezquita Kutubía

La Mezquita Kutubia, en la ciudad de Marrakech, es uno de los iconos más representativos de la ciudad. Solo el minarete mide nada más y nada menos que 69 metros de altura, lo cual la hace visible desde casi toda la ciudad. La piedra de arenisca en color rosado que la recubre hace que al atardecer adquiera un halo misterioso de gran belleza. 

Tradicionalmente, la plaza Djema el Fna, cerca de la cual se alza la Mezquita Koutoubia, fue lugar de encuentro de numerosos mercaderes de manuscritos. De ahí que hoy día se la conozca con el nombre de “la mezquita de los libreros” (kutub: libro en árabe)

Sin embargo la visita al interior está solo permitida para los musulmanes, por lo que la mayoría de turistas deben de conformarse con verla solamente desde el exterior.

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Medina de Fez

Medina de Fez

La ciudad de Fez, la cual forma parte de las llamadas “cuatro ciudades imperiales”, junto a Marrakech, Mequínez y Rabat, está considerada como la capital del islam en Marruecos, además de ser uno de los centros culturales más importantes de todo el país. Pero si hay algo que destaca en Fez es su medina, llamada Fez-el-Bali, formada por un laberinto gigante con más de 300 barrios y un total de 9.000 callejones.

En la medina de Fez se encuentran los lugares más representativos de la ciudad. No debes perderte el zoco de los curtidores en el cual los artesanos siguen llevando a cabo el tradicional trabajo de la curtidería. Sobre las ventanas cuelgan las pieles de vacas, dromedarios y corderos, y en el suelo existen enormes tinajas circulares con tintes de colores que ocupan una enorme plaza, cuya vista se asemeja a una paleta de acuarelas. El fuerte olor en las inmediaciones se debe a los tintes que reposan en estas tinajas. 

Durante el paseo, no olvides acercarte a las escuelas coránicas Bou Inania y Attarine, unas de las mejores conservadas del país. Además, no debes perderte una visita a la fachada de la universidad de al-Qarawiyyin (o al-Karaouine), la cual es la institución educativa más antigua del mundo (certificado por la UNESCO) que ha estado con sus puertas continuamente abiertas. Lamentablemente, el acceso solo es permitido a musulmanes.

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Desierto del Sahara

Desierto del Sahara

Una visita al desierto del Sahara es una de las experiencias imprescindibles que no podemos dejar escapar en nuestro viaje a Marruecos. El desierto del Sahara cuenta con una extensión similar a la que ocupa China, y abarca un gran número de países, entre ellos Marruecos. La mejor forma de llegar hasta él es desde la ciudad de Marrakech, una de las puertas principales hacia el desierto.

Los dos lugares más importantes del desierto del Sahara son Zagora y Merzouga. Zagora es la parte del desierto más cercana a Marrakech, siendo el lugar ideal para excursiones cortas. Este desierto se caracteriza por tener un aspecto rocoso y árido, pareciéndose menos a la idea que tenemos todos de un desierto con enormes dunas. Sin embargo, no por ello resulta menos interesante ya que en este lugar podremos disfrutar de la experiencia de dormir en un campamento de haimas o montar en camello.

El desierto de Merzouga, por el contrario, nos muestra la tradicional estampa de dunas inmensas y un paisaje que parece no tener fin. Cabe destacar las dunas de Erg Chebbi, las cuales pueden alcanzar una altura de 150 metros. 

Existen varias agencias de tours en la plaza principal de Marrakech, desde donde podrás contratar la excursión a cualquiera de estos dos lugares.

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Cascadas de Ouzoud

Cascadas de Ouzoud

Las cataratas de Ouzoud son las más grandes e impresionantes del norte de África, concretamente a 170 kilómetros del norte de la ciudad de Marrakech. Nada más y nada menos que una caída de 100 metros de agua aguarda al viajero, el cual será testigo de un espectáculo natural excepcional.

Existen dos formas de visitar las cascadas. Una de ellas es desde la parte de abajo, donde podremos coger una barca para llegar hasta la zona más cerca a la caída del agua o bien desde la parte de arriba, a través de un sendero de tierra y árboles sobre los cuales, y con un poco de suerte, es posible encontrarse con macacos de Berbería, una de las especies que pueblan la zona.

El sonido de las cascadas, y la belleza del entorno que las rodea, convierten a las cascadas de Ouzoud en uno de los lugares más fascinantes de Marruecos.

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Essaouira

Essaouira

La ciudad costera de Essaouira cuenta con una bonita muralla la cual ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo uno de sus principales atractivos turísticos y visita obligada para los viajeros. Sin embargo, Essaouira cuenta con otros bonitos rincones entre los cuales destaca la medina, tranquila y sencillamente encantadora como casi todas en el país, en la cual encontrarás ávidos artesanos trabajado en sus talleres así como un amplia variedad de tiendas de artesanía llenas de color.

En la subida hacia la Skala de la Ville, podrás deleitarte con las fabulosas vistas que se obtienen sobre las aguas del océano Atlántico, mientras paseas por su colección de cañones europeos, datados en los siglos XVIII y XIX. Y si quieres ver el atardecer sobre Essaouira, acércate al puerto pesquero a última hora de la tarde, cuando el vuelo de las gaviotas y las barcas azuladas varadas te harán sentir la parte más auténtica de uno de los rincones más especiales de la ciudad.

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Volubilis

Volubilis

Las ruinas de Volubilis, situadas a 33 kilómetros al norte de la ciudad de Mequínez, son uno de los testimonios que aún quedan del paso de los romanos por el norte de África. Tal es su importancia y estado de conservación que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo el sitio con ruinas romanas mejor conservado de esta zona del norte de África.

Volubilis fue una rica ciudad del pasado, probablemente fundada por los cartagineses en el siglo III a.C, pero que pasó a manos de Roma en el siglo 40, como parte de la provincia romana de Mauritania Tingitana. Hoy, en un espacio de 20 hectáreas (si bien se cree que solo se ha excavado la mitad) aún pueden verse las ruinas de las que fueran las termas, el foro, una basílica del siglo II, el templo de Julio Capitolino, el capitolio y el Arco del Triunfo de Caracalla. Así también, se han desenterrado varias residencias, muchas de familias nobles de la época, en donde se pueden admirar variedad de mosaicos típicamente romanos en sus pisos.

La visita a las ruinas tarda alrededor de 2 horas, y en la entrada a ellas es posible contratar la visita con un guía. El precio de la entrada es de aproximadamente 2 euros por persona.

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Playa de Legzira (Sidi Ifni)

Playa de Legzira (Sidi Ifni)

La playa de Legzira, en la ciudad de Sidi Ifni, es una de las playas más asombrosas de toda la costa atlántica. Su principal particularidad está en la formación de dos enormes arcos de piedra con el paso de los años, y la constante erosión a la que han sido sometidos, los cuales ofrecen una visión natural increíble y de gran belleza.

Para poder pasear bajo la sombra de estos dos impresionantes arcos de piedra, es necesario esperar a que la marea esté baja, pero sin duda la espera merecerá la pena.

Otra de las características de esta playa es la sensación de soledad que el visitante experimenta al llegar a sus orillas ya que lejos de la existencia de enromes complejos hoteleros, está vigilada únicamente por algunas casas de pescadores. Un lugar ideal para disfrutar de la belleza de la costa marroquí con tranquilidad.

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Zoco de Marrakech

Zoco de Marrakech

En el Zoco de Marrakuech es posible experimentar la vida más agitada y pintoresca de la ciudad. Una vez allí, el zoco se convierte en un inmenso laberinto de pequeñas callejuelas plagadas de puestos de todo tipo, desde tintoreros y cetreros hasta ferreteros. Podrás ir comprobando como los más de 2.600 artesanos del zoco siguen fabricando sus piezas con las técnicas más tradicionales.

El Zoco de Marrakech es el más importante de todo Marruecos y en él puedes encontrar todo lo que se te venga a la cabeza. Joyas, babuchas de mil colores, lámparas, comida, especias e incluso hierbas medicinales… Eso sí, el regateo es imprescindible para poder llevarte algunos de estos “tesoros” a un precio razonable. El zoco de Marrakech es sin duda el mejor lugar para vivir, sentir y respirar Marruecos en toda su plenitud.



Marruecos es uno de los países más tradicionales y pintorescos del mundo. Un país que merece ser descubierto rincón por rincón, que merece ser vivido en toda su plenitud, experimentando cada una de sus tradiciones para comprender la magia de sus paisajes, sus ciudades, y su gente.

Sabías qué...

El té verde con menta es la bebida más popular del país cuyo ofrecimiento, se ha convertido en un ritual que simboliza “hospitalidad”.

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